ARTE, RAZA Y EL FILTRO BLANQUEADOR DE LA PERSPECTIVA EUROPEA

Escena XXI
15/12/2016

 

 

 

Hace un ratito me topé con Anuang’a Fernando. Un bailarín contemporáneo nacido en Kenia que basa su trabajo en recuperar y trasladar bailes africanos tradicionales, haciendo especial hincapié en los movimientos y voces de la cultura Maasai. Su trabajo se ve nutrido de manera evidente por sus raíces pero desde una perspectiva y un hacer contemporáneo.
Ver bailar a Anuanga es una experiencia cargada de una belleza excepcional y toda la fuerza que la raíz contiene. Volver a los orígenes siempre es un acierto y en este caso un homenaje artístico a lo puro llenito de emoción.

Soy una mujer Afrovenezolana que vive en España desde hace más de 14 años y ver este tipo de propuestas suponen un verdadero aliento e incluso las tomo como un espacio para la reivindicación. Volver a las raíces mientras vives en Europa creo que además de un homenaje es eso, una reivindicación.
Mientras pensaba en esto se me venían también otras reflexiones en relación a cómo perciben los europeos este tipo de propuestas. Y sobre esto tengo algo que decir:
Creo que es una maravilla que un tipo traslade la cultura Maasai a los teatros pero me asusta y me enfada pensar que para que haya gente que se acerque a ello necesite de ese contexto “europeizado”.
Es decir, acercarse a una cultura distinta desde la egolatría y la condescendencia. Es decir, necesitar que pase por el filtro de lo cool y lo blanco para que te interese. Es decir, seguir en tu pedestal.
Si un día estás cómodamente en el sofá de tu casa haciendo zapping y sin querer tropiezas con un documental de Maasais y para ti son solo unos negros que pegan saltos y hacen ruidos raros creo que no te mereces maravillarte con ello desde la butaca de un teatro. Porque si no te interesa eso en toda su pureza no puede interesarte en una sala alternativa de un barrio parisino. Realmente no te interesa. Lo único que quieres es dotar tu perspectiva de lo pintoresco. Y eso está muy feo.

Es por eso que a ciertas personas racializadas nos molesta tanto la apropiación cultural. Porque parece que para que las rastas, los turbantes, los tatuajes de henna, los pañuelos modelo palestina, la cumbia, la salsa, el plato senegalés que te comes en Lavapies y un largo etc se hayan podido integrar y aceptar en la cultura europea ha hecho falta que pasaran por El Filtro Blanqueador. Un filtro que se encarga de dar el visto bueno a aquellos elemento culturales ajenos y que en muchas ocasiones supone un proceso necesario para que estos elementos lleguen a calar en sociedades blancas.

Pero, en fin. Volviendo a Anuang’a y teniendo en cuenta esta reflexión que he soltado al aire sobretodo como una preocupación, creo que es absolutamente bello, inspirador y necesario que surjan este tipo de trabajos. Y es maravilloso que sea el arte el hilo que nos conecte porque el resultado es una absoluta delicia. El arte, como siempre, si es honesto, puede unir, salvar y sanar.

Como Anuang’a nos pilla un poco lejos recomiendo una artista residente en Madrid y que se encuentra continuamente en activo. Ella es Lilian Pallares una escritora, poeta y creativa audiovisual nacida en Barranquilla (Colombia) y que, entre otros trabajos, lleva a cabo el proyecto “Afrolyrics: Una historia de amor y tambor”, una propuesta escénica que aúna música, danza y poesía y que nace también desde la ancestralidad y el rito. Os animo a acercaros a otro tipo de propuestas, nacidas desde contextos distintos a los que habitualmente podemos encontrar en España y hacerlo con la mirada limpia y con una predisposición honesta.

 

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Sofía Perdomo

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